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Namasté







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19 de enero de 2014

Cómo eliminar los metales pesados de nuestro cuerpo



Las toxinas en el cuerpo son todas aquellas sustancias que dañan nuestras células. Muchas de ellas están alojadas en nuestro organismo o forman parte de nuestra alimentación, cosméticos y hábitos diarios, entorpecen el desarrollo de funciones vitales y aceleran el envejecimiento.

Las toxinas del organismo se clasifican en orgánicas e inorgánicas. Las primeras se refieren a alcohol, medicamentos y drogas ilegales. Aunque el cuerpo tiene mecanismos de eliminación para las toxinas orgánicas, muchas veces la ingesta de éstas supera a la capacidad de nuestros órganos para purificar el cuerpo. De ahí que la mejor alternativa sea la abstinencia.

Al dejar de fumar, dejar el alcohol y otras drogas, el cuerpo reanuda el proceso de eliminación de estas sustancias, y lo hace a través de la piel, los pulmones, la vejiga y el colon.

Se conocen como toxinas inorgánicas a la presencia de metales pesados en el cuerpo, que nuestro organismo no sabe eliminar. Éstos suelen saturar nuestro sistema linfático (lee sobre las técnicas manuales de drenaje linfático) o acumularse en depósitos grasos o piedras de calcio en diferentes tejidos del organismo, sin que éste pueda eliminarlos de manera autónoma.

Cuando empezaron a aplicarse terapias por contaminación de metales pesado, principalmente plomo en las industrias armamentistas a mediados del siglo pasado, se descubrió que muchos de los pacientes no sólo perdían los síntomas conocidos por la sobreexposición al metal, también presentaban mejorías en otras áreas, como la visión, la capacidad auditiva y la movilidad. Estudios futuros permitieron descubrir los efectos nocivos de los metales pesados a largo plazo, y avanzar en la forma de combatirlos.

Los metales que más afectan a nuestro organismo
  • Arsénico Es considerado la sustancia más nociva para el organismo. Se encuentra en mayor o menor medida, en todas las fuentes de agua potable del planeta, como resultado de la contaminación del agua por los procesos industriales, su uso en pesticidas y la filtración natural.
Otras fuentes son las pinturas, veneno para ratas y producción de vidrio. El arsénico afecta la piel, causa problemas respiratorios, neurológicos y cardiovasculares. También está asociado con cáncer de pulmón, riñón, hígado, vejiga y piel.
  • Plomo Se clasifica como la segunda mayor toxina para el cuerpo. Se le utilizó con frecuencia en tuberías y pinturas hasta mediados del siglo XX. También está presente en baterías, armas, PVC y pesticidas.
El plomo causa problemas en el desarrollo de los órganos del feto en mujeres embarazadas, daños al sistema nervioso central, riñones, sistema reproductor y en el tracto gastrointestinal. Es una causa de problemas de infertilidad y de abortos.

·  Mercurio Las fuentes más comunes de contaminación por mercurio en las personas son las amalgamas dentales y el consumo de pescados y mariscos contaminados. Los peces más contaminados de consumo frecuente son el jurel, el tiburón, el pez espada, el blanquillo, el marlín y el atún.
Tristemente, el mercurio también es un ingrediente de algunas vacunas, como la de la influenza Se le ha vinculado con autismo, Síndrome de Atención Dispersa y asma.

·  Cadmio Es utilizado en fertilizantes agrícolas, pinturas, PVC y también es un subproducto de la contaminación de los automóviles. De hecho, se estima que el 50 por ciento del cadmio en nuestro organismo proviene de estas emisiones.
Afecta a riñones, pulmones, hígado, huesos y cerebro. En altas dosis, provoca vómito, diarrea e irritación en estómago y pulmones. La exposición prolongada se ha asociado con cáncer de pulmón e hipertensión.

·  Aluminio Es un contaminante presente en una amenazante cantidad de productos. Eliminar el contacto y la contaminación por aluminio se ha vuelto casi imposible en el mundo moderno. Se utiliza en la cocina, elaboración de cosméticos, está presente en el agua e incluso forma parte de aditivos de muchos alimentos.

Alimentos que ayudan a eliminar los metales pesados

El ayuno como recurso terapéutico y la terapia de coloón son excelentes alternativas para purificar el organismo de forma acelerada. El ayuno debe llevarse a cabo con control médico ya que puede tener consecuencias contraproducentes en la salud, debido a que estresa al organismo.
Existen, por otro lado, alimentos que ayudan al cuerpo a combatir gradualmente los efectos de los metales pesados, y su consumo no tiene efectos secundarios, sino que incluyen además múltiples beneficios para el cuerpo.
  • Ajo el ajo es un alimento con poderosas cualidades antibióticas y antivirales. También ayuda a eliminar los metales pesados. Inclúyelo en tu alimentación regularmente para evitar acumular contaminantes. Si los tienes, puedes incorporarlo a tu tratamiento, consumiendo entre uno y dos ajos todos los días en ayunas.
  • Cilantro Esta planta mejora el sistema inmune y ayuda a eliminar el mercurio del cuerpo. Es una alternativa para las personas que tienen amalgamas o les fueron recientemente removidas. También se sabe que ayuda a expulsar aluminio y plomo.
  • Suero de leche Se ha comprobado que el glutatión ayuda a la homeóstasis celular y es un poderoso antioxidante que remueve los metales pesados. Aún se llevan a cabo investigaciones sobre su aplicación médica, ya que su ingesta oral no parece metabolizarse adecuadamente, pero se sabe que el suero de leche puede aumentar los índices de glutatión en el hígado.
  • Zinc y selenio Estos dos nutrientes juegan un papel importante en las mejoras del sistema inmune. También son parte importante de la dieta para los órganos sexuales masculinos, y se sabe que ayudan a la creación de enzimas antioxidantes que combaten los metales pesados en la sangre. Alimentos ricos en estos minerales son el arroz integral la avena y los melocotones.
  • Vegetales frescos Existe una serie de vegetales con cualidades nutricionales y antioxidantes que ayudan a la desintoxicación. Lo hacen tanto actuando directamente sobre los metales pesados como purificando las vías de eliminación. Son particularmente benéficos el brócoli, el kale, la coliflor, la col y las coles de Bruselas.

20 de noviembre de 2013

Sanando desde el amor



El Universo y todo lo que hay en él, incluidos los seres humanos, existe gracias al amor. Cuando una persona se da cuenta de esto y se esfuerza por crear una vida llena de amor, es feliz, y a su vez hace que la calidad de vida que experimenta sea plena y esté llena de significado.

Cualquier situación, por grave que sea, contemplada a través de los ojos del amor, se resuelve o acepta más fácilmente que cuando se prescinde de esta energía.

De hecho, sólo hace falta seguir un principio para vivir la vida en su plenitud máxima: vivir conscientemente en un estado de amor y emplear la felicidad como piedra angular sobre la que construir nuestras experiencias vitales.

Ahora entiendo que para ayudar a otro ser humano, en el proceso de curación/sanación, es preciso albergar un amor y compasión incondicionales hacia todas las criaturas vivientes. Es necesario comprender y aceptar el conjunto de circunstancias que han llevado a esa persona a la situación difícil por la que está atravesando en ese momento.

El comportamiento humano es, de hecho muy simple.

Las personas actúan por amor o por temor.

Cuando lo hacen movidas por el amor están receptivas y aceptan un flujo constante de energía universal que pertenece a todo el mundo por derecho natural. Su estado es expansivo y son felices. Sin embargo, cuando lo hacen movidas por el miedo, se interrumpe el flujo universal de energía o bien queda bloqueado en diversos puntos de su cuerpo y entonces es cuando se experimenta la aparición de la enfermedad.


El miedo puede tomar muchos ídolos. Esta emoción es la que nos impide escuchar a nuestro yo interior, y nos lleva a crearnos todo tipo de problemas. Cuando una persona actúa movida por el miedo, puedes estar seguro de que hay cierto estado de desequilibrio presente en tu vida.

Eso hace que cada célula de tu cuerpo pida a gritos la corrección de ese desequilibrio y de no corregirse, aparezcan síntomas físicos, que finalmente manifestarán la enfermedad.


Gracias al don del libre albedrío, estamos en disposición de cambiar lo que pensamos y sentimos, y de este modo incorporar un equilibrio entre cuerpo y espíritu. El vehículo para lograr este equilibrio es la mente, que tiene la capacidad de hacer de intermediario entre cuerpo y espíritu. Se nos ha concedido la capacidad de razonar, pensar y crear. La capacidad para crear es un instrumento muy importante ya que permite visualizar algo que no existe, y esta nueva visión puede incorporarse a la existencia si ejercitamos el libre albedrío y decidimos manifestar esta nueva forma de pensamiento.

Cuando hacemos un hueco en nuestro horario para realizar una meditación tranquila, abrimos la puerta al conocimiento infinito que está siempre presente en el cosmos y que se nos concederá en instantes fugaces de clarividencia. Estos momentos repentinos de revelación se pueden denominar presentimientos o intuición.

Si aprendemos a confiar en nuestra intuición, incorporamos a nuestras vidas cotidianas este tipo de conocimiento, y tomamos la decisión de emplearlo con inteligencia, podemos crear un equilibrio interior básico para disfrutar de una salud perfecta.

Cuando hayamos alcanzado un estado de alegría interior que podamos mantener con nosotros a lo largo de todo el día, incluso en momentos de adversidad, podremos estar relativamente seguros de que avanzaremos en la dirección correcta para disfrutar de una buena salud.

Aunque muchas veces la gente consigue aliviar sus dolencias con tratamientos médicos convencionales, a los pocos meses o años vuelve a aparecer. ¿Por qué?

Pues porque los modelos de pensamiento que crearon la enfermedad no han sido tratados. No basta con ocuparse solamente de los síntomas de una enfermedad.
Hay que encontrar y eliminar la raíz del problema o ésta volverá a aparecer o se manifestará de alguna otra forma. Es aquí donde la meditación resulta de gran utilidad.

Si una persona puede ahondar en su naturaleza espiritual lo suficiente como para entender qué provocó la enfermedad en un principio y luego tener el valor necesario para librarse de los patrones de pensamiento que la llevaron a ello, habrá emprendido el camino hacia una forma de vida más dichosa, libre de enfermedad.

Toda curación/sanación se origina en el interior

De todas las leyes universales relacionadas con la curación/sanación, la más básica y, no obstante, la más difícil de entender es la que ninguna persona cura/sana a otra persona. No obstante, en contraste con esta verdad, si estamos en armonía con nosotros mismos, podemos comunicar esa armonía a otros y eso puede ayudar a facilitar la curación/sanación.

No podemos dar lo que no tenemos, pero debemos estar dispuestos a dar lo que tenemos, ya que ayudando a los demás es como nos curamos/sanamos a nosotros mismos.

Me atrevería a decir que no puede producirse ninguna curación a menos que haya una respuesta de la conciencia del cuerpo físico a cualquier influencia externa a la que se exponga a la persona. A menos que la fuerza vital interior del cuerpo responda a la influencia exterior, no habrá curación/sanación.

Así que recurre al amor y desde ahi permite que tu cuerpo y mente sanen.

Namasté